13 julio 2006

Viene el huevón

“Che avisa por el ‘Lanese’ que el Chileno viene a mitad de mes” me tipeo el Pica por el chat. La noticia me tomó desprevenido y a la vez me produjo una gran intriga. Pasaron muchos años desde la última vez que nos vimos y las cosas han cambiado. Me fijo en mi y sé que no soy el mismo del ’98. Más barba y panza, menos pelo y una prolongación peneana me hacen un tipo diferente, aunque para los que me vieron seguido los cambios no fueron tan grandes ya que presenciaron toda la transformación. ¿Qué pensará el Chileno al verme? ¿Qué pensará del resto al volver a verlos? Todos somos distintos, si hasta Guido, mujeriego y futbolero como pocos, fue a hacer las compras al super con su novia cuando Argentina jugaba el suplementario contra Méjico en el mundial...
Después de un rato caigo en la realidad de que el Chileno también debe ser otro, uno muy diferente del que conocimos. No estoy dispuesto a que su visita me tome por sorpresa y salgo decidido a investigar qué fue del Chileno en estos últimos ocho años.
Abandono mi confortable sillón de cuero e’ pija. A las apuradas, bebo el último sorbo de brandy mientras acomodo la revista cultural “Ñ” sobre algunos libros de Borges y Nietzche que reposan en el escritorio Luis XV que perteneciera a Domingo Faustino Sarmineto y salgo raudo a... ¡¿Qué?! Esta bien... Abandono el tambaleante inodoro. A las apuradas apago el Viceroy en el bidet mientras con desesperación busco en la página 32 de la Paparazzi las fotos de la Cirio en pelotas, ¿okay? Posterior a la tocata, inflo la bicicleta Liliana de mi mamá (la mía se pinchó y la de mi vieja tiene canastito que es re práctico) y parto hacia Tijuana a entrevistarme con el Pica, quien me informó de la inminente llegada y mantiene contacto fluido con el Chileno.
Sentado en su confortable sillón de cuero e’ pija, bebiendo una copa de brandy mientras divertido lee “Cien cepilladas antes de dormir”, Pica lanza una estruendosa risotada acompañada de un flato (pedo) al tiempo que apoya sus piernas en el escritorio Luis XV que perteneciera a Domingo Faustino Sarmiento. Debe ser el único tipo en el mundo que cuando se le cerraban todos los caminos se dedicó a la bebida y le fue de puta madre. En la sede central del delivery de alcohol más redituable de la ciudad Eugenio arroja algunos datos sobre el Chileno.

_ Mirá, se recibió de ingeniero de sistemas, o algo así. Labura con la computadorita haciendo boludeces y está todo el día en el MSN.
_ ¿Sabés algo de su vida sentimental?, indago filoso.
_ Humm, bien no recuerdo. Tal vez $10 refresquen mi memoria.
Entrego el billete que ilustra Manuel Belgrano y escucho.
_"Tuvo un pibe", contesta seco y verificando la legalidad del dinero.
_ ¿Pero se casó? ¡Por favor, decime que fue en gracia de Dios!
_ Humm, bien no recuerdo. Tal vez $10 refresquen mi memoria.
Cuento algunos billetes de dos y unas monedas y junto $8.80.
_¿Alcanza?
_ Sí pero voy a reservarme algunas letras. No contraj matrim, est en pecad mort, dice cortante.
_¿Pero fue buscado o es producto de un deslíz?, vuelvo a inquirir.
_ Humm bien no recuerdo. Tal vez un canasto de bicicleta Liliana refresque mi memoria.

Boquiabierto salgo de Tijuana con mi bici sin canasto y de fondo escucho otra carcajada acompañada por un flato (pedo). Pienso en la última respuesta y en cómo le voy a explicar a mi vieja la pérdida del canasto. “Lo cambié por un ‘qué se yo, boludo’ (risas)”.
Sentado en el cordón respirando el smog que lanza el 122 se me ocurre visitar a Guido. El Chileno vivió unos meses en su casa y no sería descolgado que sepa algo de su actualidad.
Toco el timbre en Mendoza y Richieri y la Colo, en camisón, me avisa que Guido se mudo, que hace rato abandonó la casa de los padres. Estupefacto noto que se tanto o menos de la actualidad de Guido que la del Chileno.
Riobamba 632. El Mosca desciende las escaleras y comienza a lagrimear cuando le pregunto por el Chileno. Se ve que el amor que hubo entre ellos fue fuerte y que la pequeña luna de miel en Viña realmente lo marcó. “Caminábamos de la mano por la playa”, recuerda entre sollozos. Le notifico que su ex fue padre y otra vez rompe en lágrimas. “Es que ahora me acorde de Claudito”, balbucea y el diálogo se vuelve imposible. Le tiendo un pañuelo y lo dejo en su tristeza.
De vuelta en mi hogar repaso los datos recogidos y noto que no tengo ni la más puta idea de nada que tenga que ver con el Chileno. Nada sobre su aspecto físico, sus tendencias ideológicas y sexuales, su relación con los estupefacientes y aquella denuncia por prostitución infantil en complicidad con el padre Augusto. Solo tengo dudas sin ningún atisbo de respuestas. Será cuestión de esperar y sorprenderse ante la realidad.