31 julio 2010

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Selección Argentina vs. Rosario… - Todapasion.com.ar

¿El mejor del Ascenso? - Clarín.

Un Rey de Sangre Azul – Diario Los Andes.

El hombre que pudo ser el mejor

Dicen que fue mejor que Maradona

La selección debe jugar en todas las provincias


Tomás Felipe Carlovich, el mesías de la redonda


La siguiente nota publicada en el 2003 en el periódico El Eslabón y posteriormente en 2004 en La Cebra a Lunares fue realizada por Julio Rodríguez y quien escribe este trabajo. Una extensa entrevista con el Trinche Carlovich en la casa de sus padres.

El evangelio según Santo Tomás de Tablada

El mejor jugador de todos los tiempos del fútbol rosarino contó verdades y mentiras de su leyenda futbolística. Testimonios y anécdotas de quienes vivieron de cerca al Trinche.

POR MARTÍN CALVO y JULIO RODRÍGUEZ

La historia cuenta que Tomás Felipe Carlovich fue un fenómeno. Un jugador fuera de serie que deslumbró al fútbol argentino. Los memoriosos dicen que como él no habrá otro igual y que su talento fue superior, incluso, al de Diego Armando Maradona. Con estos datos, y sin haber tenido el lujo de disfrutarlo en una cancha, hablamos con el Trinche.

El paisaje adornado por los comercios de la calle Mendoza nos indica que el santuario de la familia Carlovich está cerca. La peregrinación al oeste de Rosario termina cuando el Trinche corre las cortinas, abre la puerta y nos invita a pasar. La casa luce semioscura y el aire acondicionado nos hace olvidar el clima de la tarde. El Mesías está descalzo y viste una chomba Lacoste color verde. Sufre una leve renguera, se toma la cadera y nos dice: “Estoy hecho mierda. Aumenté veinte kilos, no puedo jugar al fútbol y tampoco andar en bicicleta”. También nos cuenta que necesita operarse de la cadera, pero la intervención es muy costosa. Un grupo de fieles apóstoles evalúa la posibilidad de armar un partido homenaje para recaudar fondos y posibilitar su recuperación.

LA ZURDA Y SU MAGIA

El barrio Belgrano fue testigo de las primeras profecías del Trinche. En aquellos baldíos del oeste rosarino, el hombre empezó su formación como futbolista, hasta que su cuñado lo llevó a Rosario Central. “Estuve un año en las Inferiores y a los 16 me fui a jugar a Bigand. Después volví a Central y jugué dos partidos en Primera. Me prometieron que iba a ser titular, pero no me cumplieron y no quise jugar más. Me fallaron de palabra y eso me dañó mucho. Tenía 22 años y quería retirarme”, empieza relatando.

Eduardo Quinto Pagés fue compañero suyo en Central Córdoba y remata una anécdota que pinta de cuerpo entero su paso por Arroyito. “Él hacía lo que quería con la pelota. Cuentan que en la Cuarta y mientras esperaba para entrar en un partido, hizo jueguitos con una moneda de un mango y no se le cayó nunca... Me lo contaron, yo no la vi”, sentencia el ex arquero y ahora médico.

VIDA Y OBRA DE DIOS EN TABLADA

El Trinche descendió de los cielos y aterrizó en el Gabino Sosa en 1972. Uno de sus discípulos, Jorge Ainsa, lo convenció de continuar con su prédica en el fútbol y levantó su templo en el sur. “Me presentaron en un amistoso contra Sarmiento de Junín, ganamos 2-0 e hice los dos goles”, cuenta su bautismo con la azul. Al año siguiente y con la sabiduría de Tomás, el Charrúa ganó de punta a punta la Primera C.

El barrio Tablada fue su segundo hogar y nueve años después lo tuvo como partícipe de otra vuelta olímpica. El Trinche pegó la vuelta a pedido del técnico Eduardo Bermúdez. “Me dijo que era el sol, la luz, el agua, parecía la Dipos (risas). Después tuve grandes problemas con él. Hizo declaraciones fuera de lugar. Nos encerramos en una pieza bajo llave y dije que mientras esté él, no iba a jugar más. Me había dicho que descanse, que en el próximo partido iba de titular, pero en la semana me avisó que iba a dejar el mismo equipo. Le dije que el hombre tiene que tener palabra y él me falló, por lo tanto no es hombre. Igualmente, hace un tiempo nos reencontramos y me pidió disculpas”, acota Tomás.

Poco tiempo después, retornó a la titularidad, tras el alejamiento de Bermúdez y con 35 años, se dio el lujo de volver a ser campeón. “El día de la primer final contra Almagro había llovido mucho y en la cancha de Newell´s había agua por todos lados. Él jugó de aire y de taco toda la tarde, y hasta metió un golazo al ángulo”, recuerda Quinto Pagés, arquero del equipo ganador del Octogonal.

Cada vez que Central Córdoba jugaba en Buenos Aires, cerca de 500 personas se agolpaban para presenciar los milagrosos caños de ida y vuelta del ídolo. Entre los fieles, se destacaba la presencia del modista Ante Garmaz, infaltable en cada ceremonia, donde juraba que si él fuera presidente de Boca, Carlovich sería el “5”. “Lo buscaba siempre, le regalaba corbatas, calzoncillos. Él tenía algo especial que a Ante le gustaba mucho...”, dice sonriendo el Gordo Ricardo Palma, técnico que dirigió al mito y lo conoce en la intimidad del vestuario.

Para los amantes de la redonda, el Trinche fue Dios. Pero había tardes que sus rivales pecadores sufrían el castigo divino. “Como era de exquisito, también era de meter algunos coditos y algunas planchitas. Pegaba de tal manera que no lo viera nadie y terminaban lastimados los contrarios”, cuenta Víctor Longo, un zaguero que compartió los primeros y últimos milagros del Trinche en Tablada. Los hinchas charrúas arriman alguna anécdota sobre su juego de fricción en el fútbol de ascenso. “Contra Colegiales, se peleó con un delantero contrario. Le puso la punta del codo sobre el cuello y el árbitro los echó a los dos. En el túnel viejo, se esperaron, y le puso tantas piñas, que el rival se tuvo que mandar a la cancha para que no le pegue más. Fue un tipo con todas las de la ley”, cuenta Mario Falcón, un habitué de los viejos tablones del Gabino Sosa. Y el Loco Darío Dippe, otro incondicional de Tablada, sentando sobre una mesa del bar Lido, rememora: “El cinco de Morón lo corría por toda la cancha, le pegaba, lo mordía, le hacía de todo y el árbitro no cobraba nada. Al toque, el Trinche los amontonó a los dos en el medio y a la pasada, les metió un codazo que los dejó planchados en el piso, siguiendo como si nada con la pelota bajo la zurda”.

EL REY MENDOCINO

Mendoza, la tierra del sol y del buen vino, fue el territorio elegido por el Trinche para seguir evangelizando con su fútbol bien jugado. “Cuando me vendieron a Independiente Rivadavia, pensé que me iba a Japón... No estaba acostumbrado a viajar, pero se armó un grupo bárbaro y salimos campeones”, dice Tomás. El debut fue en el clásico provincial ante San Martín, metió un gol de cabeza y puso cuatro pases gol. Esa misma tarde, tenía pasaje a Rosario, porque hacía quince días que estaba en Mendoza y extrañaba el barrio. “A tres cuadras de la cancha estaba la ruta donde pasaba el micro, pero ellos querían que me quedara. Al final, un dirigente me llevó en auto, me esperó dos días y luego volvimos a Mendoza. Allá fui el Rey. Terminaba la práctica, iba a una pilchería o a comer a un restaurante y no me querían cobrar. Fue, junto a Central Córdoba, uno de los clubes donde tengo mejores recuerdos”, afirma.

Ricardo Palma, acerca otra historia del Rey mendocino. “Cuando llegó a Mendoza, todos los pibes tenían la remera del Víctor (Legrotaglie, un ídolo cuyano). Al año siguiente, estaban todos con la del Trinche. Y esto lo vi con mis ojos, no me lo contó nadie”, indica el ex técnico.

En 1977, volvió a incursionar en el fútbol grande con la camiseta de Colón. Pero en Santa Fe, las lesiones le impidieron continuar con su prédica. Primero un problema en la rodilla, luego un desgarro, y finalmente, la rotura del aductor. “El Vasco Urrolabetía, que era el técnico, desconfió de mi lesión y fuimos a una junta médica. Cuando me vieron la pierna morada, llena de sangre, se agarraron la cabeza. Me subí los pantalones y no volví más”, cuenta el Trinche.

EL EVANGELIO LLEGA A SU FIN

El Enviado estuvo cerca de ser crucificado en el ‘94 por los charrúas cuando fue acusado de querer hacerle juicio al club de sus amores. Pero él, elevándose sobre su pueblo espetó: “Carlos Dávola estaba a cargo del fútbol infantil del club. Organizó un torneo llamado ‘Tomás Felipe Carlovich’, sin mi permiso y levantó cerca de 150 mil dólares. Pero esta plata no iba a Central Córdoba. Por eso, hablé con Carlos Luppi (presidente charrúa de esa época), y le dije que le iba a sacar la careta a Dávola. Si quiere hacer plata, que la haga, pero que no use mi nombre en vano. Antes de hacerle un juicio al Charrúa, me mato”, sentencia Carlovich.

Las enseñanzas del Trinche trascendieron el ámbito nacional y el Cosmos de Nueva York, donde brillaba Pelé, se interesó en las condiciones sobrenaturales del mito. Pero como nadie contó, Pelé habría bajado el pulgar a la contratación de Carlovich, por temor a ser opacado por el Mesías argentino.

El 17 de octubre de 2002, en el Concejo Municipal de Rosario se llevó a cabo la Canonización de Santo Tomás. Por iniciativa del concejal Pablo Javkin, lo convirtieron en ciudadano ilustre. “Es un icono de la historia de la ciudad. Es la cultura del fútbol rosarino”, apunta el edil. El Trinche agradece, recoge el guante y se despacha con humildad: “Soy un hombre muy feliz cuando voy por el barrio con la bicicleta y la gente me reconoce. O cuando recibo el afecto de los hinchas yendo a ver a Central Córdoba”. Es palabra de Dios. Amén.

RECUADROS

¡QUÉ BAILE COMPAÑERO...!

Así tituló el diario vespertino Crónica de Rosario la brillante actuación del Seleccionado Rosarino ante la Selección Argentina. El 17 de abril de 1974, el combinado le pegó un baile de aquellos al equipo nacional que luego disputaría el Mundial de Alemania, le ganó 3-1 y el Trinche dio cátedra. “Nos juntamos un par de horas antes en un hotel y los técnicos (Griguol y Montes) me avisaron que iba de titular. Cuando salí a la cancha de Newell’s, había un marco espectacular. No estaba acostumbrado a ver tanta gente. ¿Y qué quieren? Quería tener la pelota a cada rato. Esa fue una noche que me salieron todas, además había grandes jugadores. La gente que estuvo ese día en la cancha, no se lo olvida más”, recuerda Carlovich.

EL HOMBRE DE LOS TAPONES BAJOS

“Siempre tuve problemas con los botines nuevos. Se los llevaba a un carpintero amigo, para que baje los tapones así podía pisar mejor la pelota. Antes era otra cosa, esos zapatos los usaba para la lluvia, arena. Ahora todo cambió para bien. Siempre usé los clásicos Adidas”, confiesa el Trinche y finaliza contando que no usaba vendas ni canilleras. “Pero jugando contra Estudiantes de Buenos Aires, usé canilleras y Bravo, un jugador de ellos, me metió un patadón que me rompió la protección y me dieron cuatro puntos de sutura”.

LA ÚLTIMA PROVIDENCIA DIVINA

Fue el sábado 5 de mayo de 1986. Central Córdoba recibía a Flandria en su cancha por la Primera C. El destino quiso que Tomás Felipe Carlovich convirtiera su último gol ante el equipo de Jáuregui que en el pasado también fue bendecido con su presencia. “Me quedó grabado, porque estaba detrás de él. Pusieron la barrera, se puso al lado de la pelota y como con la mano la clavó en el ángulo. Fue un golazo y el arquero quedó parado mirando cómo entraba la pelota”, rememora Longo sobre el último gol del Trinche a los 39 años, antes de ponerle un cierre a su vida pública.

FICHA TÉCNICA

Lugar y fecha de nacimiento: Rosario, 20 de abril de 1947.

Trayectoria: Rosario Central (1969). Flandria (1970). Central Córdoba (1972-74. 1978. 1980-83. 1986). Independiente Rivadavia de Mendoza (1975). Deportivo Maipú de Mendoza (1976). Colón (1977).

Títulos: Primera C 1973 y Torneo Octogonal de Primera C 1982 (Central Córdoba). Liga Provincial Mendocina 1975 (Independiente Rivadavia).